El escenario de America’s Got Talent lo había visto todo — cantantes, bailarines, magos — pero nunca algo así.

Las luces se atenuaron. Un frío silencio cayó sobre el público.
Entonces, desde las sombras, ella apareció.

La cabeza inclinada. El cabello oscuro cubriendo la mitad de su rostro. Una muñeca de porcelana colgando de su mano como un secreto que no quería revelar.

No sonrió. No habló. Solo se estremeció — un movimiento repentino y antinatural que recorrió la sala como un escalofrío.

Simon se inclinó hacia adelante, con las cejas levantadas. Heidi se mordió el labio. Mel B susurró: «¿Qué está pasando?»

La chica finalmente se acercó a los jueces, su voz suave como vidrio roto.
«¿Crees… en los espíritus?»

Le entregó a Mel B una vieja fotografía de una niña. «Piensa en un nombre», murmuró.

Mel rió nerviosamente. «Está bien…»

La chica cerró los ojos. La cabeza de la muñeca se inclinó. Las luces parpadearon.
Y de repente — la foto estalló en llamas.

Los gritos llenaron la sala. Cuando el humo se disipó, la misma foto quemada reapareció — ahora dentro de una caja de vidrio en el escenario.

La mandíbula de Simon se tensó. Heidi se tapó la cara. Mel B saltó de su asiento, sujetándose el pecho.

La chica levantó la vista, sus ojos de repente vacíos y huecos.
«Ella está… aquí», susurró.

Las luces se apagaron. Un sonido agudo atravesó el aire. Cuando se encendieron de nuevo — ella había desaparecido.

Solo quedaba la muñeca, sentada en su lugar.
Su cabeza giró lentamente hacia Mel B… y sonrió.

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By Elen

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