Entró al salón con su cabello plateado recogido en pequeñas coletas juguetonas, su expresión tranquila pero expectante. El estilista la rodeaba como un artista que estudia un lienzo en blanco, con las tijeras listas como pinceles para crear algo nuevo.

Corte tras corte, las coletas cayeron, cada mechón cargando años de familiaridad y comodidad. Ella permaneció inmóvil, con la mirada fija, como si entregara no solo su cabello, sino también pedazos de un pasado que ya no necesitaba llevar.

Y entonces, poco a poco, la transformación se reveló. De aquellas hebras juguetonas atadas en alto emergió una silueta pulida y elegante. Su nuevo estilo enmarcaba su rostro, resaltando sus rasgos con una suavidad que resultaba moderna y atemporal.

Cuando finalmente se miró al espejo, una pequeña sonrisa cómplice apareció en su rostro. No estaba viendo solo un corte de pelo: estaba conociendo a una nueva versión de sí misma, que siempre había estado allí, esperando salir.

No fue solo una transformación de cabello. Fue una declaración silenciosa: estaba lista para su próximo capítulo.

By Elen

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